Mercado.
15 mayo 2023: San Isidro
Murcia, lunes, las ocho y sin novedad.
14 mayo 2023
Murcia, domingo, las 10:30, en mi rincón, pax vobis, ha vuelto la calma en casa, tras el “cumple” de mamá. Y no fue para tanto: si fueran los míos….
Hoy, segundo domingo de mayo, se celebra la Romería en Jumilla: suben al Cristo a Santa Ana, que bajaron en Semana Santa. Nosotros este año no iremos: ha ido mi nieta Laura con unas amigas en representación de la familia.
MERCADO:
Los martes marcaban hitos en las vacaciones veraniegas. Cada martes, la visita al Mercado con el coche era obligada. Bajábamos mi mujer y yo.
Estar en mi punto de observación, dentro del coche, mientras que mi mujer hacía la compra, viendo a la gente pasar por mi lado, era una fiesta para mí. ¡Cómo se retrataba cada uno delante de mi coche, en una instantánea rápida, fugaz, en un revuelo de colmena!
la gente discurría presurosa por mi lado, y yo la observaba, la analizaba, la retenía en mis retinas y la estudiaba como un cirujano hace en un quirófano con el enfermo. Después de varios martes terminaba por conocer a mis paisanos que acudían a hacer le compra y conocía sus costumbres y maneras de comportarse: “Este viene a comprar acompañado”; “este espera a la mujer”; “este viene a comprar melones”; “aquel no compra nada, solo mira la mercancía”…
Era curioso ver que las personas reaccionaban siempre igual, después de verles varias veces en idénticas situaciones: Hay mujeres que gustan de pararse con la primera conocida que ven, hasta orgullosas enseñan lo que llevan en la cesta.
Las hay que llevan a su lado a la criada para llevar el carro de la compra; había quién gasta más y quién gasta menos; quién puede y quién no puede; se conoce a la buena administradora y a la que administra mal.
El mercado cada martes para mí era como una gran mesa bien surtida de carnes, pescados y verduras, como una gran despensa. De cada casa iba un emisario por su ración. Solía ser la mujer la encargada. Y esa mesa bien surtida de viandas exquisitas, de hortalizas frescas, se reparte en partes desiguales. Con qué premura acuden las mujeres a la compra, con qué satisfacción se marchan a sus casas después.
Cómo se haya surtido la despensa común, es también importante: cada martes, como un ritual previo, los puestos se abastecen de mercancías y esperan la llegada de clientes. Es un milagro que las personas se movilicen tan temprano para tener dispuesta la plaza cada martes,
¿Quién trajo el pescado y de dónde?, ¿Quién preparó las carnes y cómo?, ¿De dónde llegaron las frutas? Bello espectáculo el que ofrece el mercado a quienes miran más allá de lo que ven. Es como una sociedad convulsa, agitada, la plaza del mercado cada martes.
La necesidad acuciante y vital del alimento se manifiesta en el revuelo de las personas que acuden por su ración, como un panal de abejas: unas van y otras vuelven, unas entran y otras salen. Luego se disuelve en un mar de silencio.
Hermosa estampa. Yo quisiera que en los pueblos cada día fuera martes, y que cada familia tuviera abundante alimento asegurando; que hubiera siempre ese mercado bien abastecido donde cada cual encontrara lo necesario para subsistir en una gran familia humana: ni blancos, ni negros, ni amarillos, todos hijos de la misma tierra y hermanos del mismo sol.
Un abrazo del abuelo Paco.
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