Recuerdos de Luna.
22 mayo 2023
Murcia, lunes, 8:15, con el tiempo indeciso, que no sabe qué camino tomar: si llover o no llover. Luego te lo cuento. Nosotros, a cubierto y en un quinto pino, que haga lo que quiera.
Murcia, sábado, 11:26, San Felipe Neri, y raso por más señas. Lina de compras. ¡Cómo le gusta hacer la compra a Lina! Mamá en el comedor. Mariví atiende a su madre en la Arrixaca. Los sábados libra.
MÁS RECUERDOS DE LUNA
Mi mascota -perra- era de tamaño medio. Otras como ella, de su misma raza, eran más pequeñas y otras más grandes. Era una “Caniche”, de color blanco. Por la calle se veían muchos como ella, con sus dueños; eran inconfundibles.
Los Caniches son perros nerviosos y muy inteligentes. Les falta hablar, como suele decirse, para ser como nosotros.
Esta perrita nuestra, espero que las demás fueran así también, tenía dos caras: o era sumisa, cariñosa y dulce, o terriblemente arisca y hasta peligrosa. Si tenía lo que quería, era amable; si le negabas lo que deseaba, era hasta agresiva.
Su oído era prodigioso; antes que tú, ella sabía que alguien venía; oía el ascensor cuando tú ni te habías apercibido. Oía el timbre de la puerta, ¿qué digo el timbre?, las pisadas de quien se acercaba, antes que nadie.
Sus ladridos eran escandalosos, hasta insufribles muchas veces. No se conformaba con avisar; quería ser ella la que recibía la visita, y no paraba de saltar y de pedir atención hasta que la cogías en brazos.
Se llamaba Luna. A veces teníamos problemas con mi hija Lina, casi homónima: “¡Luna!”, decíamos. “¿Qué quieres, mamá?”, respondía Lina. “¡He dicho Luna!”.
Una mañana se comió un trozo de jamón. Era de mi almuerzo, pero en un descuido me lo quitó. ¿Cómo reñirle? Los perros son perros y están a los descuidos de sus amos. Si te piden, les das, o no les das; pero si te descuidas, te lo quitan. Además, con una agilidad, con una presteza, que solo los animales, como ella, saben hacerlo. Luego miraba con sus ojos grandes, como diciendo: “Sí, te lo quité, ¿qué pasa?”, y hasta parece que se reía.
El foie-gras le encantaba. Cuando abría una lata, ya estaba esperando que le diera parte de ella con una molla de pan. Y cuando ya quedaba poco, te suplicaba con la vista que se la dieras para repelarla. ¡Se la llevaba donde no la molestaran, y, a placer, metía su lengua y la dejaba, a fuerza de lengüetazos, más limpia que una patena.
Luego se dormía en un sillón, cerca de donde yo escribía. No sabía que hablaba de ella. ¿O sí lo sabía? Abría los ojos y me miraba como diciendo: “Di lo que quieras, me tiene sin cuidado”. Y volvía a cerrarlos.
PASTEL
Cada once de octubre, desde 1.932 (un año antes de nacer yo), a 1.945, la Casa Blanca hacía un bizcocho para la Primera Dama Eleanor Roosevelt, porque cumplía años y le encantaba el “Angel food cake” o pastel de Angel.
Era un bizcocho que llevaba cinco ingredientes: claras de huevo, azúcar, harina, almendra y una pizca de sal. La diferencia estaba en el interior, muy blanco. Hoy se sigue haciendo este esponjoso y ligero bizcocho.
El abuelo Paco.
21 mayo 2023
¡Te cogeré! Murcia, domingo, 12:30. Día fresquito y nubladillo, pero permite pasear y hasta tomar el sol. Terrazas llenas.
San Teopompo y San Sinesio (¡vaya nombrecicos!). Fueron dos santos cristianos, que murieron en la décima persecución contra los cristianos -Diocleciano- en el año 306. El primero era natural de Nertóbriga, cercana a Fregenal de la Sierra, y obispo de dicha localidad. El segundo era natural de Egipto y fiel seguidor de Teopompo.
VIVIR AL MÁXIMO.
No todos estamos de acuerdo sobre cómo vivir la vida al máximo. Muchos creen que es importante trabajar mucho para acumular riquezas y dinero; otros creen que lo más importante es ser muy popular; y los hay también que creen que teniendo éxito en su trabajo y siendo el mejor es lo que vale.
Pero los grandes pensadores y filósofos de todos los tiempos no opinan igual. Ellos dan otras claves muy distintas para vivir nuestra vida al máximo:
- Vivir es nacer a cada instante.
- Aquel que tiene un porqué para vivir, se puede enfrentar a todos los “cómos”.
- Aprende como si fueras a vivir siempre.
- Vive como si te fueras a morir mañana.
- ¿Por qué contentarnos con vivir andando, cuando sentimos el anhelo de volar?
- No busques al amigo para matar el tiempo; búscalo para vivir las horas, etc.
MÁS SOBRE MI PERRA.
A mi perra Luna, en inteligencia, le faltaba solo un pelín para ser como yo. Su mente era lúcida y despierta. Me decía con la vista que la sacara de paseo, que le diera de comer o que quería hacer pipí. Yo la entendía. Nos mirábamos y sabíamos lo que estábamos pensando.
Hasta tenía sentido del humor. Si estaba yo sentado en el sillón y me levantaba a coger un libro, ella iba y se sentaba donde yo estaba. Entonces hacía como que no miraba, pero miraba a hurtadillas, con picardía, como diciendo: “Ahora me toca a mí, ¿qué te has creído?”. Si intentaba levantarla me enseñaba los dientes en un gesto de claro desafío. Era su forma de conversar.
Si quería jugar, vaya si me lo decía: se ponía delante y no me dejaba pasar; si intentaba cogerla, saltaba y volvía a obstruirme el paso; si me agachaba, volvía a saltar, corría y no me dejaba. Entonces era feliz, como ese niño que pide la atención total y absoluta de su padre.
Mi perra tenía una memoria prodigiosa. Se alegraba unas veces y otras lloraba. Era dócil o desobediente según los casos. ¿Qué le faltaba para ser como un niño? Que no hablaba. Eso le faltaba. Su lenguaje era el ladrido y su hocico el instrumento para pedir. Te hablaba con ladridos y con el hocico. A falta de palabras, mi perra ladraba para comunicarse conmigo. Y si estaba cerca se ayudaba con su trompa para hacerse comprender.
“¿Quieres esto?”. “No, aquello”, y me golpeaba con su nariz húmeda para hacérmelo saber. ¿Dónde empieza y dónde acaba la inteligencia animal? Yo no sabría decirlo. Que piensa, no tengo duda. Que siente, no hay más que ver. Es la suya una inteligencia “sui géneris” que no pasa de donde no puede pasar; que se hace adulta, pero sin traspasar los límites que tiene marcados como especie.
El abuelo Paco.
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