Las fallas.

 8 junio 2023

Murcia, jueves, 8:29 y cielo marrón amenazante. ¿Cómo será ls borrasca Oscar? Por aquí sin novedad.

7 junio 2023

Murcia, miércoles, 11:11, una borrasca nos llega por las Islas Canarias, dice Brasero. Parece que goza dando noticias preocupantes. “¡Que se acerca!”.

A mí el tiempo me preocupa. Como ayer te hablaba de él, pensé en los comienzos del euro. Cuando pensábamos que una moneda nueva se nos venía encima, era un cambio como una borrasca. No hacíamos caso, como si el asunto no fuera con nosotros.

Y, sin embargo, a la vuelta de nada estaría aquí, en nuestras vidas, para comprar y vender con la moneda europea. “¿Cuánto vale?”. “Dos euros con cincuenta céntimos” y pensaríamos: “¿Es caro o es barato?”. Que sí, que sí, que el euro ya está aquí”.

Había que ir pensando en él, como hoy con la borrasca que nos viene de Canarias.

Hasta no hace mucho, usábamos los españoles las pesetas y los céntimos y nadie se extrañaba. “Veinte con sesenta céntimos”. Sacábamos sin pensar 20 pesetas y 6 perras gordas y en paz.

-Una cuarenta, y dábamos una peseta y cuatro perras gordas y ya estaba. Y no dábamos de más ni de menos, sino lo justo.

-Cien pesetas con cincuenta céntimos. Dábamos cien pesetas y una aparte, y esperábamos la vuelta de 50 céntimos.

“Con los euros nos pasará lo mismo. A los pocos días nos haremos a manejarlos como antes las pesetas”, decíamos. El periódico pondrá 90 céntimos y nosotros entregaremos un euro y esperaremos que nos devuelvan 10 céntimos.

Habrá billetes de 5, de 10, de 20, de 50, de 100, de 200 y de 500 euros; y monedas de un euro, de 2 euros, de 5, de 10, de 20, de 50, céntimos. Con esas monedas se podrán hacer todas las combinaciones en nuestras compras diarias.

¿Que vale poco?, echaremos mano de las monedas; ¿que vale más?, de los billetes. “Siete mil quinientos euros”: billetes. “Quince euros”: monedas. Aunque el uso hará que lo que decimos sea innecesario: “20 céntimos”, 20 céntimos y punto. “3000 euros”, 3000 euros y se acabó.

LAS FALLAS

¡Cómo disfrutan los valencianos con las fallas! ¿Se conservan las fiestas por ellas mismas o porque suponen una fuente de ingresos para su Ayuntamiento? Porque hoy todo gira alrededor de lo mismo: en torno al poderoso caballero que escribió Quevedo. ¿Pero era ya el vil metal tan poderoso en el siglo XVI?

-No nos desviemos del tema: decía que los valencianos gozan como niños con la pólvora, con el ruido, con los ninots, que conforman las cien fallas, o más, que se queman en la noche de San José.

Las fallas son una crítica feroz del pueblo por un hecho que quieren ver quemar. Así cada año se sacan a la luz los defectos de la sociedad para que el fuego los queme. Pero creo que todo sigue lo mismo.

Después, los vicios mostrados tan finamente y quemados sin remisión, vuelven a la palestra como Lázaros redivivos. Un rato de risa y si te vi no me acuerdo.

-¿Has visto la falla del Ayuntamiento?

-Si, estoy yo con cuernos como un demonio.

-¿Y no te importa?

-No, son las fallas; es como el carnaval, ¿vas a tomar en serio lo que te diga una máscara? O como el fútbol: ¿va a demandar el árbitro al que hable mal de su madre? No seas cándido.

Qué papel tan importante jugarían las fallas si se las tomara en serio. Si nos propusiéramos quemar los vicios que en ellas se denuncian y procuráramos no caer en ellas… Pero las fallas son, por lo que veo, como una confesión, en la que se vuelve a caer una y mil veces en el mismo pecado. No hay propósito de enmienda; todo queda en fiesta.

                       El abuelo Paco. 

Comentarios