Mi cumplenoventa.

26 junio 2023

Murcia, lunes, 9:19, calor a tope, sin novedad.

24 junio 2023 : San Juan

Murcia, sábado, las diez, “¡qué calor!” es la frase del día. Y otra frase que se repite es “¿dónde vamos a comer? Porque hoy comemos “todos juntos en unión” por mi cumplenoventa años. Yo, previsor, en los postres, diré:

Queridas nietas y nietos: digo primero nietas porque sois más. Ganáis por siete a seis, ¿o no?

Como soy el protagonista de esta fiesta por mi CUMPLENOVENTA AÑOS, voy a contaros cuatro cosas que no sabéis del abuelo. Vuestros padres ya las conocen y vuestra abuela Pascuala también.

Nací en 1933, siendo Presidente de la Segunda República Española Don Niceto Alcalá Zamora. Yo no me acuerdo, claro, pero pudo ser verdad.

Dicen que en 1936, yo tenía tres años, empezó una Guerra que duró tres años. Recuerdo que una mañana la gente gritaba por las calles: ¡HA TERMINADO LA GUERRA! ¡LA GUERRA HA TERMINADO! Era el 1º de mayo de 1939, según los libros. Pero de antes tengo otros recuerdos. Mejor que te los cuente por décadas y así acabo antes.

DE CERO A DIEZ AÑOS : Conocí la Familia, unos cuantos amigos y la Escuela.

A)  Familia. Mis padres fueron Amós y Lina (bisabuelos vuestros); yo fui el menor de cinco hermanos, cuatro varones y una niña: Santiago, Josemaría, Emilia, Amós y Francisco. Como luego yo y como Pascual.

B)  Mi Escuela estaba en la calle General Sanjurjo. Mi maestro era don Ángel Copete. Don Ángel quería que yo estudiara, y cuando se iban los demás niños, me quedaba solo conmigo y me tomaba la lección.

C)  Mis amigos eran Perico, Bartolo, Juan, Marcos, José y alguno más. Nuestros juegos preferidos: la pelota, el zompo y la píndora.

SEGUNDO: DE DIEZ A VEINTE AÑOS:

A)      En el Examen de Ingreso en el Instituto, me dieron “Matrícula de Honor” porque contesté a lo que me preguntaban los Profesores. Y desde entonces me llamaron “El Matri”. “¿Quién te lo ha dicho?”. ”El Matri”.

   Un día fui con mi madre casa del Director: “A mi hijo le  dicen “El Matri” -le dijo. Y don Juan se echó a reír: “Hay motes peores -le contestó-; que se lo digan mucho tiempo”.

   EL Bachillerato eran siete años o Cursos. Don José Yagüe, aparte, tenía una Academia que preparaba de todo; Escuela, bachillerato, taquigrafía, mecanografía, Magisterio, Cálculo Mercantil…

   No sé qué le dijo a mi padre don José, pero cuando hice Quinto Curso me dijo mi padre: ”Dice don José que hagas Magisterio”. Yo no decidía.

   De junio a septiembre, en su Academia, estudié los libros de Primero de Magisterio; fui a Murcia, me examiné, y aprobé PRIMERO DE MAGISTERIO. Lo mismo hice con SEGUNDO Y con TERCERO. Así que terminé el Bachillerato y el Magisterio al mismo tiempo.

   Hasta que convocaran Oposiciones a Magisterio, mi padre habló con don Luis Irles, Director del Banco instalado en el Jardín de las Ranas, calle de la Labor, y allí estuve dos años con Seguros de Capitalización, ayudando a don Augusto.

   Por el favor de colocarme en el Banco, mi padre se hizo un Seguro de 50.000 pesetas, que entraba en un Sorteo mensual. Y tuvo tanta suerte que al segundo mes, le tocó y le dieron las 50.000 pesetas sin haberlas entregado. Tan contento estaba que invitó a las oficialas de mi abuelo a venir con la familia a pasar ocho días en Alicante.

   Aquel año no hubo Oposiciones en Murcia, pero don José dijo a mi padre: “Si no hay en Murcia, que vaya a Teruel”. Y allí que fui con mi maleta y mis libros a presentarme a unas Oposiciones al Magisterio. Era la primera salida que hacía yo solo de Jumilla. Aprobé y me destinaron a Rillo, aldea a 50 kilómetros al norte de la capital.

   De Rillo tengo muchos recuerdos, quizás porque era mi primera Escuela o porque tenía veinte años. Había una Escuela de niños y otra de niñas. La Maestra era de Teruel y se llamaba Aurora.

   Nos hicimos tan amigos que un día le escribí: “¿Has visto, Aurora, cuando nace el día, qué hermosa es la fugaz aurora? Todo se viste de color de rosa y se inunda de alegría. Pues si es así esa aurora, que marcha de seguida, ¿qué hermosa no serás tú, Aurora, que no dejas de ser Aurora, noche ni día?

   Pensó que me estaba declarando. Y era que salíamos a pasear cuando dejábamos la Escuela, a las minas de carbón a dos kilómetros, o a la Ermita que había en un monte. Yo se lo decía: “Digamos que somos novios, sabiendo que no es verdad. En el primer Concurso de Traslados, me voy a mi tierra”.

   En este tiempo de Rillo tuve que hacer el Servicio Militar, obligatorio entonces. Pero tuve suerte y salí Excedente de Cupo. Muy pocos solo hacían tres meses de Instrucción en un Campamento. Yo fui uno de ellos y fui a Lorca.

   Como para ser Maestro había que ser Instructor Elemental del Frente de Juventudes, me hicieron Sargento para enseñar a los  Reclutas: “¡De  frente, ar!”, “¡Derecha, ar!”, “¡Media vuelta, ar!”.

Conocí al Sargento Barroso, al que daba Clases de Matemáticas. Fueron tres meses inolvidables. Mis alumnos de Rillo me escribían; ”El balón que compramos se ha roto; venga pronto que compremos otro”. Y volví a terminar el Curso.

   Estuve dos años en Rillo. Uno de aquellos niños, José Lahoz, vino a verme con la familia hace unos años a Murcia. Y trajo cuadernos con trabajos de la Escuela.

   De Rillo, por Concurso de Traslados, salté a Elche de la Sierra, provincia de Albacete. Allí estuve cuatro años con una familia de mi madre. En Elche me ocurrieron muchas cosas: Me llamaron cuando llegué para dar Clases en el “Colegio María Auxiliadora” de niñas.

   Una familia muy rica me pidió que fuera a su casa a dar Clase a su hijo. La sobrina del Ministro de Educación Lora  Tamayo, que vivía allí, me dijo si podía ir a su casa a dar Clases a su hermana.

   Un mundo atractivo para un Maestro joven. Yo tenía 25 años y me rifaban las familias ricas de Elche. Emilita Lora, mi alumna, era sevillana, y todos los días nos servían el café en una salita donde dábamos la Clase. Presumían del tío  Manuel Lora, Ministro de Franco en Madrid con Tarjetones de Navidad “A mis sobrinas”…

   A mi edad, la tentación era grande: un día le pedí relaciones, me aceptó y fuimos novios, y mi familia fue a conocer a la futura hija. Y hasta fijaron fecha de la boda. Todo se disponía a un final feliz, pero Dios no quiso. Dijo a tiempo: “¿Para, loco, no sigas!”.

   Y me puso una Comunión en Jumilla a la que acudí, y conocí a la que había de ser la madre de mis hijos: Francis, Pascual, Ángel, Miguel y Lina. El Señor me miraba sonriendo desde una nube. “¿Te quieres casar conmigo? -le dije. Me dijo que lo pensaría, que estaba estudiando Bellas Artes en Valencia. Vi mi porvenir de forma clara, nueva, distinta.

  Convocaron una Oposición a Plazas de más de 10,000 habitantes y me presenté para salir de Elche y aprobé. Mi meta era ir a Jumilla. Estuve dos años de Maestro en la misma Escuela qu tuve con don Ángel. ¡Cuántos recuerdos de mi niñez!

   Cuando supe que convocaron Oposiciones a “Dirección de Grupos Escolares”, no lo pensé: “Allí quiero llegar”. Y me decidí y aprobé. Tuve que ir a Cehegín, al Grupo Escolar “Pérez Villanueva”. Pronto volví a Jumilla.

   No me extraña que con treinta años y Director del Grupo Escolar “Ibáñez Martín”, el Alcalde se fijara en mí. Don Manuel Guillén me llamó pronto para proponerme la Concejalía de Educación en el Ayuntamiento.

   Fui siete años Teniente de Alcalde. Presidía como Alcalde en las Procesiones de Semana Santa. Mis hijos, aquí presentes, eran pequeños, pero qué años aquellos “setenta” de no parar. Hasta hubo un Decreto por el que un “Director de Oposición” era Director de todas las Escuelas de la localidad.

   Si hasta me nombraron Juez de Paz un año por traslado del titular. “Jura usted decir la verdad, toda la verdad y nada más que la vedad”, le pedía a los que llevaban policías por robo o faltas graves.

   En el 1981, vinimos a Murcia. Al Colegio San Andrés. Esta década estuve cinco años con la Dirección del Colegio y cinco en el Centro de Profesores o CEP. Los Socialistas en el poder -Felipe González, Juan Guerra, y demás- no querían Directores, Inspectores, ni otros cargos por Oposición de la época franquista.

   Y nos dieron a elegir entre seguir como Maestros o tomar lo que nos dieran ellos. Yo fui al CEP, Centro de Profesores, recién estrenado, donde estuve cinco años, llevando una Biblioteca. Y allí me jubilé a los sesenta años, con cuarenta de servicios.

   Seguí con libros, que eran mi hobby: Escribí libros de mi experiencia escolar, como “Gramática Fácil”, para enseñar a analizar sintácticamente oraciones simples y compuestas; libros de Política, como “PP o PSOE, tú decides”; escribí “Pensamientos” que me venían a la cabeza; Cuentos, Poesías…

   Una Imprenta me los hacía: “Quiero otros mil”. Y yo iba con mi coche recorriendo Escuelas por los pueblos: Me presentaba: “Soy compañero jubilado, que he escrito estos libros. Te dejo tres ejemplares y dentro de una semana vuelvo por ellos. Si os gustan, su precio es este”. Se los quedaban para la biblioteca o para los niños.

  Del “Quijote para niños” llegué a la quinta edición. En todas las Escuelas me pedían más. Libros míos vendía El Corte Inglés, librerías, etc. Hoy tengo 54 títulos. Como todo tiene fin, dejé de conducir y de viajar y de ir por las Escuelas. ¿Estaba cansado? ¿No sería que mi hija Lina me dijo que iba a matricularse para hacer un Doctorado?

   Yo tenía 75 años, pero sentí envidia. Al día siguiente me había matriculado en la Universidad para doctorarme yo también. Unos años de estudiante y mi título de Doctor para mi.

   Y hoy celebrando mi cumple noventa con lo más grande que tenemos, que es la familia. El abuelo Paco, que os quiere y espera celebrar los cien.

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