Para las ratas.

 29 junio 2023: Felicidades, Pablo.

Murcia, jueves, a las 10:00 h de la mañana en la galería.

Ayer comimos en él Guinea con Ángel, Ana y Alba. Como tenía cita con la nueva endocrina, fuimos Lina et moi a las cinco  y volvió a darnos cita para octubre. Salté la barrera de los 90 y aquí seguimos.

Antes iba a don Miguel Blanco Chacón, mi médico. No, no iba por nada importante, iba a que me hiciera una receta del  oculista.

No entiendo.

Ni yo, pero era así. Iba a la farmacia por un colirio que el oculista me mandó por teléfono, y antes iba a don Miguel.

Don Miguel estaba siempre donde debía estar, aunque no siempre hacía lo que debía hacer. Él se fiaba de los que iban a su consulta: “Hágame estas recetas que debo en la farmacia”. Y él la hacía en el talonario que yo le entregaba, la firmaba y la sellaba.

El oculista me mandó unas gotas para los ojos por teléfono. Hágame usted la receta y él te la hacía. Creo que hacía más recetas que mandaba a los enfermos. Luego, tú ibas a la farmacia, y como no piden que médico te ha visto, sin palabras quedaba resuelto el problema. Tomabas los medicamentos, pagabas y asunto concluido.

   Yo le daba vueltas a la cabeza y veía que algo fallaba en el sistema, pero al final, ¿era me mejor cambiar el orden de  los factores? Así, tan sencillo y todos contentos: el médico se molestaba poco; la farmacia menos; y el paciente satisfecho.

   No iba a ocurrir todos los días lo que pasó en Jumilla una vez.

¿Qué pasó?

   Había una familia, muy conocida por “las Ratas”. Un día fueron pidiendo algo para “las Ratas”, y el mancebo le dio unos polvos matarratas. El bebé se quedó tieso cuando se tomó los polvos disueltos en agua.

Una serie de circunstancias desfavorables acabaron con la vida de un niño. No es frecuente, pero posible. Si todos cumplieran con su función como es debido, estos casos no se daban.

                 El abuelo Paco.

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